Feminismo como lucha cotidiana. Tres visiones clasistas sobre la emancipación de las mujeres en Chile.

Tres organizaciones político sociales nos abren sus puertas para conversar sobre la visión que tienen sobre el feminismo de clase, sus perspectivas y alcances en nuestro país. Vivienda Digna, La Intersindical (AIT) y el Frente Feminista La Trenza fueron participes de este relato en el marco de una nueva conmemoración del 8 de marzo, día internacional de la mujer trabajadora.

Vivienda Digna

Nataly Arriagada, tiene 30 años, pertenece al Movimiento de Pobladores y Pobladoras Vivienda Digna, específicamente al territorio del comité de vivienda de Maipú Esperanza Popular, organizada en este espacio alrededor de 1 año y 6 meses.

Natalia vocera del Movimiento de Pobladores Vivienda Digna

Los espacios que hemos ido ganando las mujeres, que han sido espacios recuperados a través de lucha, nada se nos ha regalado a través de la historia, son avances que han ido de acuerdo al proceso histórico que va teniendo la humanidad; hoy seguimos desvinculadas, despojadas de muchas cosas, quizás no se nos explota con el salvajismo que existía antes cuando, en esa huelga, 140 compañeras murieron quemadas pidiendo mejoras laborales, no existe quizás esa explotación tan dura pero existe otro tipo de dominación, una dominación que se refiere a la múltiple cantidad de roles que nos han inculcado cumplir a las mujeres. No sé qué tanto, dentro de lo cotidiano y lo palpable, hemos avanzado si las mujeres seguimos siendo acosadas, violadas y asesinadas todos los días, seguimos siendo explotadas, seguimos ganando menos que los hombres desarrollando el mismo trabajo, entonces es desde otra mirada la dominación y la explotación. Hay derechos básicos para nosotras pero son los que han ido de la mano con el desarrollo de la humanidad y la sociedad, creo que aún nos falta mucho por recuperar, somos castigadas cuando somos organizadas, cuando venimos acá y pasamos más de un día en la organización somos las que andamos webiando, no somos las que estamos luchando, para los hombres somos las que andamos webiando, “ya te vai otro día a webiar al comité”, esa es la visión que tienen los hombres porque las vecinas están aquí, están aquí preparando la asamblea, estamos preparando la once, estamos haciendo la propaganda y el hombre que llega de la pega está esperando que la mujer esté en la casa con la comida caliente y servida; en realidad este espacio no solamente nos ha servido para pensar en luchar por un futuro barrio, por un techo para nuestras familias, para nuestros hijos, para nuestras hijas, para que ellas puedan tener un mejor lugar donde ellas mismas puedan ser partícipes de ese proceso de construcción, sino que también ha sido un espacio de liberación donde nos educamos en el mismo proceso de lucha.

En verdad el feminismo que vemos en la televisión, en la universidad, donde se habla de la liberación de la mujer y el anti patriarcado como si fuera llegar y tomar un libro en donde se aprende la teoría, eso, en la realidad cotidiana de la pobla, no existe. Todo ese tipo de iniciativa acá ha fracasado porque en realidad las compañeras con estos saberes así como “vecinas haremos un taller de eyaculación femenina, vengan mañana” y no viene nadie, no viene nadie porque además no se involucran en el proceso. ¿Cómo quieres llegar a hablar con una vecina de violencia? por ejemplo, cómo quieres llegar y hablar con una vecina sobre el aborto si no te involucras en el cotidiano con ella, si no le dices todos los días cómo está, preguntarle si tiene comida para hoy, con quién dejó a los niños o cómo le fue en el médico, si no tienes ese trato cotidiano con las mujeres es muy difícil que puedas ir generando esos vínculos de confianza necesarios para poder intervenir en esos procesos o por lo menos tratar de aportar.

Natalia con su hija Trini

Creo que el feminismo que hemos tratado de rescatar y el que hemos tratado de ir creando cotidianamente nosotros le podríamos llamar como a un feminismo más comunitario, que nace netamente desde la realidad cotidiana, de ese que se va formando cuando estamos pintando la propaganda, ese que se va formando cuando nos vamos juntas en la micro a una reunión, ese que se va formando cuando nos encontramos en la mañana y ella está en una esquina esperando la micro para irse a trabajar y yo estoy en la otra esquina y digo “vecina! ¿Cómo está?” – “bien!” – “un abrazo, que le vaya bien en la pega, nos vemos en la tarde!”. Yo creo que desde ahí hemos ido construyendo, en este comité el 80% son mujeres y son mujeres en distintas condiciones de explotación, pero no todas están conscientes de esas condiciones. (…)  Aquí hay vecinas  que han llegado hablando nada y ahora no las haces parar de hablar, vecinas que jamás pensaron que iban a dirigir una comisión, por ejemplo, nunca pensaron que iban a estar encargadas de la autogestión y los recursos y ahora las vecinas están ahí, empoderadas, más fuertes, se acercan, te comentan, te abrazan. Eso es algo que no te lo da ninguna universidad ni protesta, porque no podemos estar en todos lados. No es necesario que vayamos a todas las protestas de Ni una menos, eso no nos hace ni más ni menos libres, lo que nos hace más libres es la organización, nuestra construcción como mujeres y como madres, porque mis condiciones son iguales a las de las vecinas.

Entonces describo el feminismo hoy en día con la lucha diaria, todos los días, con un pedacito, un pedacito de cariño, de lectura también porque es muy importante que las mujeres estemos constantemente estudiando, que constantemente nos estemos educando, tenemos muy poco tiempo, los roles que cumplimos son infinitos; yo cumplo el rol de trabajadora, a demás soy asistente social, promuevo derechos, contengo a los niños, visito a las familias, soy mamá, soy hija, soy hermana, soy allegada, soy mujer organizada, soy de la pobla, soy violentada y desde ahí nos levantamos, soy sin techo.

Por eso también estoy en esta organización y porque esta organización no solo busca una vivienda para nuestras familias sino que también busca un proyecto de barrio, creo que eso nos hace diferentes, un proyecto de barrio en donde nosotros somos protagonistas de ese proceso, donde nosotras las vecinas podamos tener un lugar donde dejar a nuestros hijos en el barrio, donde quizás el mismo barrio sea un lugar de empleo para algunas vecinas que no puedan salir lejos a trabajar, que sea un lugar donde nos encontremos, donde celebremos las navidades, pasemos juntos los años nuevos y vayamos recuperando esa identidad de barrio de las poblaciones y las tomas de terreno en donde antiguamente existía esa vida y esa cotidianidad de barrio que el capitalismo nos fue rompiendo y negando.

Esos son los obstáculos de nuestra lucha pero a pesar de eso seguimos creciendo, somos tercas, somos fuertes, somos guerreras, somos imparables, yo podría describir a mis vecinas como mujeres imparables, como luchadoras incansables, luchan todos los días desde cómo tener la plata para el almuerzo hasta de dónde sacar más plata para poder generar recursos y buscan todos los días cómo arreglárselas, a pesar de eso vienen acá, hacen aseo, vienen a la asamblea y se quedan conversando contigo, te cuentan sus cosas, aquí nos ha pasado que las vecinas se te acercan a contarte que viven violencia con sus parejas, hemos intervenido también como organización al respecto porque tampoco somos cómplices de la violencia, esperamos que en nuestro futuro barrio ningún vecino ni vecina se quede callado con la violencia, que sean ellos también quienes se involucren y dejemos de callarnos y acumular.

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La Intersindical Clasista de Trabajadoras y Trabajadores (AIT)

Catalina Rojas, trabaja en el área de Control de Gestión del Hospital El Carmen (Maipú), es presidenta del Sindicato de Trabajadores y Trabajadoras Honorario del Servicio de Salud Metropolitano Central y participa hace aproximadamente dos años en la corriente político sindical AIT.

La lucha de las mujeres trabajadoras siempre ha sido una constante complicación porque hoy aún se está luchando por derechos que hace 100 años se están peleando. Derechos tan básicos como la protección de la maternidad, la igualdad de salario (trabajamos lo mismo y tenemos remuneraciones más bajas), la previsión social (se nos cobra mucho más, se nos cubre mucho menos). Por lo tanto, hoy el análisis que hacemos es que, si bien ha ido cambiando la sociedad, en realidad la mujer sigue siendo altamente oprimida y explotada, desprovista de derechos y hoy día la lucha de las mujeres trabajadoras sigue igual de necesaria e importante como lo fue hace 110 años.

Salud es uno de los sectores laborales donde más se agrupan mujeres trabajadoras. El grueso del porcentaje de trabajadores lo ocupamos las mujeres. En el caso nuestro, la mayoría somos mujeres en edad fértil, por lo tanto, el tema del feminismo, para nosotras, pasa de ser una consigna o una elaboración intelectual: es una realidad concreta, material, es un problema objetivo de nosotras como trabajadoras. de la salud y sobre todo honorarias, que somos el sector de trabajadoras con la calidad contractual más precarizada en el sector público. Nosotras nos hemos visto afrontadas a la realidad del problema de la mujer desde la práctica y problemas concretos y desde demandas concretas.

Hemos levantado una fuerte lucha por la protección de la maternidad. Hoy las mujeres no tenemos ni pre ni post natal cancelado: a una trabajadora a honorarios que será madre no tiene cómo sustentarse durante el periodo de maternidad. Este sistema actual oprime a la mujer también en sus posibilidades de decidir y una mujer que hoy vive en condiciones precarias tampoco puede decidir si ser o no madre porque también se nos niega la posibilidad del aborto.

Hemos levantado demandas por derechos legítimos para las mujeres. Además del tema de la maternidad está el tema de la previsión social, la participación sindical. Este último también es conflictivo porque el mundo sindical ha sido principalmente levantado por hombres y para las mujeres dirigentes sindicales también se nos hace súper difícil meternos en ese mundo y también es una lucha que hemos tenido que dar, no sólo en el espacio de trabajo sino también en el espacio sindical. En realidad para nosotras, el tema del feminismo, ha sido mas desde la experiencia práctica que en vez de una elaboración más teorica.

Como dirigentes del sindicato, nos definimos como un sindicato clasista. Creemos que efectivamente el feminismo debe ser clasista. El feminismo clasista es comprender que el problema de la mujer también está vinculado al problema de las clases sociales. Es decir, así como hay clases explotadoras y explotadas, hay mujeres de la clase explotadora y de la clase explotada.

Creemos que el feminismo debe construirse para las mujeres de la clase explotada y se expresa en que la mujer trabajadora es doblemente explotada. Se ve obligada al trabajo asalariado y doméstico, siendo este último uno que no es remunerado y que sirve para la reconstitución de la fuerza de trabajo, para la producción de mano de obra nueva y que el capital se ahorra todo ese gasto que debe llevar la mujer y por otro lado el trabajo asalariado que finalmente es la explotación que se conoce en el sistema capitalista como base fundamental de éste.

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La mujer también es oprimida de manera política, económica, social y cultural. Creemos que el feminismo clasista debe apuntar a esta condición de doble explotación de la mujer trabajadora y entender que la mujer sola no podrá pelear contra el sistema patriarcal sino más bien la clase trabajadora en su conjunto. Para acabar con el patriarcado también hay que acabar con el capitalismo. Las conquistas de los derechos y cambios a favor de la clase trabajadora nunca han sido ni por decretos, leyes ni parlamentos, sino que ha sido la organización y la lucha de la clase trabajadora. Así que a todas esas mujeres que están precarizadas, vulneradas, explotadas, oprimidas, el llamado es organizarse en sus poblaciones, centros de estudio, lugares de trabajo y luchar por sus derechos y también por los derechos de la clase trabajadora en su conjunto.

Frente Feminista La Trenza

Marcela Herrera Luque, Rubié Buratti Miranda y Karina Nohales Peña participan en el Colectivo La Trenza un frente mixto (mujeres y hombres)  donde se trabajan ejes que para ellas son centrales para el movimiento de la lucha feminista, organización que trabaja desde hace 8 meses.

De izquierda a derecha. Marcela Herrera Luque, Rubié Buratti Miranda y Karina Nohales Peña.

Karina: Nos encontramos en en el último tiempo ante una nueva ola o emergencia masiva de una agenda en Chile especifica entorno a las demandas de género, es difícil afirmar que se ha constituido a raíz de eso un movimiento feminista propiamente tal, ha habido un intento serio de coordinación estable que fue Ni Una Menos, que en este momento ese espacio se encuentra quebrado, sin embargo consideramos que ha habido un avance muy completo que tiene que ver con influir de manera general con el contenido del feminismo en todos los espacios de organización social, espacios de trabajadores y trabajadoras (…) Hay aspectos en los que ha habido un avance en lo discursivo, sin embargo, no se ha plasmado en una agenda feminista que logre impregnar a todos los espacios sociales, específicamente en el mundo del trabajo, hoy día hay muchas organizaciones sindicales de mujeres o sectores de la economía que están feminizados, lo que si este discurso feminista tiene importancia, sin embargo una de las grandes falencias que vemos y damos cuenta que le alcance todavía no es tan profundo, es que por ejemplo que en las negociaciones colectivas, los sectores feminizados de la economía, no levantan demandas propias de la mujer, ejemplo concreto: fuero maternal, derecho a sala cuna, acoso sexual. Son cuestiones que todavía en los sindicatos feminizados de la economía no aparecen porcentualmente como demandas que se luche colectivamente mayor que en los sindicatos de la economía no feminizados, entonces sin duda hay un trabajo grande que hacer.

Rubié: También agregar como decía Karina, ha habido un avance discursivo también, como porque no decirlo a modo de la subjetividades del común de la población, o sea, creo que el feminismo ha logrado instalar ciertos temas, sobre todo el de la violencia, el acoso, el abuso sexual y hoy vemos que hay muchas compañeras que están en organizaciones sociales y otras que no, que están denunciando su experiencia, como ha sido violentada, acosada y creo que dentro de al menos de las organizaciones sociales se ha generado una tensión en torno a esos temas, es algo que debía instalarse, algo que se debía hablar y creo que hay bastante organizaciones que se han hecho cargo de este tema, están intentando transformar sus relaciones, la forma en que se relacionan entre ellos. Hemos visto en todas las universidades como se levanten secretarias de género y vocerías. Creo que el feminismo sobre todo en el segmento más joven de la población ha impactado harto, y se ve porque es molesto, se ve la molestia en las personas, pero se han visto cambios positivos, es cosa de notar en las redes sociales que, no son los centrales y no se da la lucha del feminismo, pero es una muestra de cómo están cambiando la identidad, la subjetividad, de cómo cambiamos como sociedad.

Marcela: En cuanto al alcance de nuestro trabajo, somos personas de distintas profesiones, de distintos oficios, pobladoras, madres, mujeres que hemos decidido no ser madres y claro efectivamente cada una viene con un trabajo de organización anterior y también organizaron otras compañeras feministas, entonces eso evidentemente ha servido para que el trabajo sea mucho más coordinado. Siempre La Trenza ha sido una plataforma, por ejemplo, en el tema de violencia institucional hacia el pueblo mapuche, ha sido la posibilidad de adherir con otras compañeras feministas u otras organizaciones sociales a sus actividades con el respeto que se merece el pueblo mapuche de apoyar una causa mapuche, significa que hay que hacerlo con mucho respeto, porque estamos acompañando, somos aliadas, entonces desde ahí si se han gestado muchas posibilidades de trabajo en el futuro y también hemos estado participando en lo actual.

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Karina: Ahora las mujeres tienden a acercarse a los espacios feministas mayoritariamente desde una experiencia individual, de cosas que te han pasado en la vida y te interesa como mujer en la sociedad. La Trenza, al menos esta es mi opinión, ha servido para politizar, para profundizar ideológica y programáticamente al conjunto de las mujeres que deciden organizarse, que parten de su experiencia. Pero que en estos espacios organizados como La Trenza y tantos otros, salen con una perspectiva mucho más de conjunto, que nos lleva por ejemplo a definirnos como anticapitalistas.

Yo creo que eso da cuenta por si sola de la necesidad, de que el feminismo no sea solo una postura individual, sino una maduración programática del conjunto de las mujeres, de la comprensión de su realidad y sus tareas en un marco social y no solo individual.

Ese es un desafío para el feminismo hoy, porque los sectores organizados son pocos, ha habido marchas muy masivas por ejemplo la del 19 de octubre que fue en contra de la violencia hacia las mujeres, pero sin embargo, cuando nosotras evaluamos esa marcha, dijimos podríamos aseverar que el 80% de las mujeres que asistieron a esta marcha, tal vez están en contra del aborto, pero sí están a favor de que no haya violencia de las mujeres, entonces ese plano programático más general, el no entender la negación del aborto como violencia hacia las mujeres, se va madurando en los espacios orgánicos y ese es el aporte que intentamos hacer.

Rubié: Ahora como se ha ido dando o como nos gustaría que fuese el feminismo en el campo popular, es una tarea difícil creo yo y creo que quedan años para poder avanzar en eso, pero a eso apuntamos, a la mujer de la clase, a la mujer migrante, a nuestro país en el fondo el flujo general planetario de migración que responde a un momento especifico de a acumulación del capital hoy. Ese es el más grande desafío que tenemos y estamos trabajando en eso, al menos nosotros quisimos territorializar el trabajo para trabajar con las personas, para llegar ahí, porque el feminismo querámoslo o no como dice Kari, las personas se acercan al feminismo por una cosa experiencial y también hay otras que nos acercamos al feminismo porque lo conocimos por ejemplo en la Universidad, es un conocimiento o una reivindicación súper elitizada también, entonces ese es el desafió, como llevamos el feminismo al campo popular y espero que el trabajo territorial que estamos haciendo de sus frutos y obviamente no somos la única, hay muchas otras organizaciones feministas o de mujeres que están en la misma.

Karina: Ha habido una discusión que es interesante dentro de la izquierda principalmente sobre el carácter clasista o no del feminismo, nosotras también nos hemos hecho cargo de esa discusión en el sentido de entender que durante muchas décadas la izquierda o muchos sectores de esta, entendieron que el feminismo podría venir a desviar lo que es central de la lucha de clases, que es más o menos te choque capital – trabajo, en verdad a dividir incluso a la clase y que por tanto era una cuestión que debía quedar en segundo plano- Nosotras, lo que pensamos sobre la crítica que el feminismo es liberal, que las demandas que plantea no son puramente clasista y que esa influencia fuerte también vendría a ser algo que podría pervertir un programa de lucha de clases en términos más puros, consideramos dos cosas. La primera, que si tú piensas en Chile, más del 50%  de la población asalariada gana 350 mil pesos o menos y que el tipo de trabajo que impera por lo menos para más de dos millones y medio de personas es el informal, entonces primero la mayoría de las mujeres en tanto mitad de la población del país pertenece a la clase trabajadora y somos mujeres pobres, seamos profesionales o no, generalmente precarizadas por lo tanto el carácter objetivo de clases, es decir, la composición y el lugar en que estamos en la sociedad, está garantizado desde ahí ¿Alguien podría dudar del carácter clasista de las mujeres que se organizan? – ¡No! -¿Existe alguna cantidad de mujeres burguesas? Por supuesto, pero en la misma proporción que existen hombres burgueses, es decir, como una minoría social. Ahora en lo subjetivo, en la defensa ideológica del clasismo, pasa en el feminismo lo mismo que pasa en el conjunto de la clase trabajadora, hay sindicatos amarillos, hay sindicatos de trabajadoras de casa particular que se proclaman Bacheletista y lo son a rajatabla ¿alguien podría dudar que esas compañeras no son parte de la clase trabajadora? – Nadie podría dudarlo – ¿Podríamos dudar que su ideología es revolucionaria? Claro, pero como le pasa al conjunto de la clase. Entonces esta concepción que se le otorga al feminismo, nosotros la encontramos también tendenciosa, porque si tú dices, “los sindicatos son amarillos, son burócratas, son pro-gobierno” pero nadie en la izquierda se plantea que no hay que trabajar en los sindicatos, pero cuando se dice que “las mujeres defienden demandas liberales, no trabajemos en el movimiento feminista”: no hay una compatibilidad de criterios. Nosotros seguimos pensando que de alguna forma prevalece cierta forma de lectura machista donde el feminismo plantea un espacio muy incómodo para esa lectura y esa incomodidad también la revindicamos y trabajamos desde ella, o sea, si no produjera incomodidad, es que algo estaríamos haciendo muy mal.

Frente Fotográfico